Addio… Italia.

ADDIO… ITALIA.

 

Fotografia de Bodas

(En homenaje y para despedirme de este bello país que ha sido mi hogar durante los dos últimos años, he querido escribir este post en italiano, aun sabiendo que sólo lo podrán entender 7 u 8 personas de mi entorno… perdonadme, pero necesitaba hacerlo :D. Sólo hablo de cuánto la echaré de menos…)

Sono passati quasi 2 anni dal momento in cui ci trasferimmo in Italia, a Padova, concretamente. Essendo onesta, non avevo mai sentito parlarne prima di sapere che questa sarebbe la nostra futura destinazione per due anni.

L’Italia è sempre stata nel mio cuore, fin dall’Istituto, quando studiavo storia dell’arte e mi immergevo nel mondo dell’antica Roma e del Rinascimento, con tutti gli artisti dell’epoca e i capolavori che sono arrivati ai nostri tempi. Mi sentivo così attratta, affascinata da ogni singolo pezzetto di storia, che il fatto di conoscere questo paese e vivere qua l’ho sempre considerato un sonno dolorosamente irraggiungibile e desiderato.

Ho avuto la grande fortuna di venire ad abitare in una città molto ben comunicata, vicina a tante altre grandi città del nord, come sono Venezia, Bologna, Verona, Milano, Firenze. Abbiamo quindi visitato tutto il nord, in profondità, da Torino a Trieste, e pochi sono i dettagli che non mi abbiano colpito e lasciato un solco nella mia anima. Siamo anche arrivati al centro, la Toscana, il Lazio, l’Umbria… e abbiamo sfiorato un po’ del sud, la Sicilia.

Dato che Padova si trova a soli 20 minuti in treno dalla delicatissima Venezia (La Serenissima), ci siamo andati spesso e abbiamo passeggiato per le sue strettissime strade affollate di turisti ansiosi. Venezia è molto difficile da descrivere in modo giusto, va oltre le parole, ci si deve andare per capirla.

Firenze l’avevo già visitata tanti anni fa, e ogni volta che ci vado rimango senza voce. È quella città eterna che mi colpisce di più, ovunque vada, non c’è nulla che si possa paragonare alla magia di Firenze, alle sue strade, le sue chiese, i suoi palazzi, ponti, sculture. Tutto lì è in perfetta armonia, come un colossale capolavoro rinascimentale.

E come non parlare di Padova? Delle sue mitiche piazze, della Basilica del Santo, di Prato della Valle, degli Scrovegni. Il centro storico è pieno di vita, essendo questa una città universitaria, tutti i giorni si festeggia qualcosa. Com’è diversa da Leuven! le cui strade erano vuote le domeniche o a partire le 19:00 ogni giorno!

L’Italia è circondata da un’atmosfera decadente e antica, magnifica e banale a parti uguali, ed è proprio quest’aria ciò che la rende ineguagliabile. Non esiste nulla come l’Italia.

Come mi mancherà l’Italia! A volte ci penso e sento affondare la mia anima dalla malinconia e dall’amarezza. Mi mancheranno Padova, la possibilità di giungere la caotica Venezia in un batter d’occhio, prendere uno spritz in Piazza dei Signori ogni venerdì sera, mangiare le migliori pizze e i più saporiti piatti di pasta. Ma, al di là di tutte queste cose, ciò che diventerà doloroso per la sua assenza sarà la lingua.

Può sembrare assurdo, ma io ho raggiunto un rapporto così bello con l’italiano che farò tanta fatica a non usarlo come consuetudine. Continuerò a leggere libri in italiano, a vedere i documentari e i film in italiano, ad ascoltare delle canzoni in italiano, persino a scrivere in italiano! Perché una semplice opinione detta in questa lingua ha un non so che di eterno e pregiato.

Inutile dire che tornerò a Padova il prima possibile, benché la porti con me ovunque vada.

 

 

Nuevo comienzo…

ESTADO CIVIL RECIÉN ESTRENADO

FOTO2BODA

¡¡ME HE CASADO!!

Hace 5 días sobre estas horas (16:00) me encontraba yo hecha un manojo de nervios, sentada con las piernas cruzadas en el sillón de la suite donde nos alojábamos ese fin de semana, y dejándome hacer por mi peluquera, mientras a nuestro alrededor revoloteaban dos fotógrafos, de acá para allá, sin parar de hacer fotos a todo aquello que tuviera algo que ver conmigo: vestido, zapatos, tocado, ramo, madre, padrino…

Sueñas tantas veces con ese día de tu vida… te visualizas siempre con el mismo vestido, los mismos invitados, te aprendes de memoria los gestos que vas a mostrar, los movimientos que vas a dar, las palabras que vas a decir… y luego llega el día, y supera todas tus expectativas. Olvidas los gestos, las palabras… y te dejas llevar por esa vorágine de besos, felicitaciones, colores, lágrimas, emociones… cuando de repente te das cuenta de que ya ha pasado, de que te casaste hace 5 días y vuelves a estar en Padua, retomando a duras penas tu rutina y descendiendo a trompicones hacia la realidad.

Para mí fue el día más feliz de mi vida. Aparecen nítidas ciertas escenas en mi memoria, como talladas en mármol, que no cejan en su empeño de eclipsar al resto de recuerdos: la visión de mi futuro esposo al fondo del largo pasillo hacia el altar…, los rostros de mis padres y mi hermano emocionados, a mi lado…, el sonido melódico de una preciosa viola tocada por mi mejor amiga, aún más preciosa…, todo un salón blanco de techos de cristal, rebosante de voces alegres y risas… . Entenderíais ahora si os dijera que me niego a retomar mi rutina tan fácilmente. Os diría: “dejadme soñar un poquito más, mañana volveré al trabajo”.

El problema es que mañana os volvería a pedir lo mismo… 

Os dejo la canción que bailamos mi ahora MARIDO y yo, para abrir el baile. Scorpions siempre en mi corazón.

Despedidas

DESPEDIDAS…

 

Cuando llegué a este país, hace dos años ya, jamás se me pasó por la cabeza que, en el momento de decirle “adiós” sintiera toda esta vorágine de emociones. Parecía que iba a resultar fácil, si tuviera sólo en cuenta el mal tiempo que hace durante casi todo el año, el idioma tan endemoniadamente complejo, la cultura tan opuesta a la nuestra y el hecho de que en toda Bélgica no haya una sola montaña como Dios manda. Pero, a dos semanas de irnos de Leuven para siempre y decir adiós a esta vida, siento que se quedará aquí un buen “cacho” de mi, irremediablemente. Esta ciudad ha tenido mucho que ver con este sentimiento de pérdida y futura nostalgia, porque no ha habido más que buenos momentos en ella, he conocido gente maravillosa, muy variopinta, cada uno de un país diferente, y he aprendido mucho de todos ellos. Leuven nunca ha dejado de sorprenderme, a pesar de ser una ciudad chiquitita. Y una de las cosas que más voy a echar de menos de Bélgica son sus praderas de un verde rabioso, con algunas ovejas o vacas marrones pasteando y las casitas tan cuidadas con sus jardines, al fondo.

Eh! que no es que me queje precisamente del nuevo destino… porque Italia lleva dentro de mi corazón desde que estudié el Renacimiento, en el Instituto. Saber que voy a vivir a 30 minutos en tren de Venecia me deja, simplemente, “atontá perdía”. Creo que todavía no lo he asimilado. Ha sido mi sueño desde hace tantísimos años…

Pero costará dejar atrás a la gente con la que has creado unos lazos tan bonitos, en tan poco tiempo. Del mismo modo que se quedará un pedazo de mi aquí, yo también me llevaré un pedazo de Leuven conmigo, a Padua.

Primera incursión a Padua

PRIMERA INCURSIÓN A PADUA

 

Pues…. sí. Mañana a mediodía cogeremos un vuelo para unos pocos días a nuestro futuro hogar por los próximos dos años.

Italia… .

¿Qué puedo decir? Desde que estudié por primera vez el Renacimiento italiano, no he dejado de tener este absurdo (ya no tan absurdo…) deseo de llegar a vivir en Italia en algún momento de mi vida. Brunelleschi, Donatello, Giotto, Buonarrotti, Bernini, Masaccio, Ucello, Botticelli… todos dejaron mella en mi memoria, y jamás olvidaré la primera vez que pisé Florencia. O la primera vez que vi El David de Miguel Angel o Santa María de las Flores y la hermosísima cúpula de Brunelleschi. En fin… paro porque sino aburro hasta a las ovejas.

Así que lograré cumplir ese sueño… Es curioso cómo a veces sin planearlo ni proponértelo, hay sueños que igualmente se cumplen. Por arte de magia. Por arte de Andrés…

Estos pensamientos, sin embargo, dan lugar a otras cuestiones que no había llegado a plantearme seriamente, hasta ahora…

Tocará despedirse de nuestra vida en Leuven, digo yo.

Y me da bastante pena, aquí he conocido gente maravillosa, a la que obviamente seguiré viendo y escribiendo. Aunque más espaciado en el tiempo. Amigos belgas he hecho más bien pocos. Sólo una, y no se puede decir que sea una belga convencional. Tal vez por eso nos hemos hecho tan buenas amigas (ojo con leer entre líneas). Los demás son todos de su padre y de su madre: ucranianos, alemanes, italianos, franceses, chinos, polacos, colombianos… . Y a todos ellos me los llevo en el corazón (os jodéis que hoy estoy sensible!) Echaré mucho de menos la ciudad de Lovaina. Sin lugar a dudas, la mejor de toda Bélgica, al menos de la parte flamenca. Gracias a Dios que en Padua también se lleva lo de ir en bici a todas partes porque sin duda no sabría cómo manejarme sin mi “negra”.

Las únicas cosas que NO voy a echar de menos son:

  1. el tiempo de mierda…
  2. la ausencia de todo tipo de montaña, cerro o incluso peñasco, que tampoco pido tanto! (Bélgica es más llana que Albacete)
  3. … y el maldito idioma. La de dolores de cabeza que nos ha creado este idioma del demonio que ni siquiera lo hablan en todo el país, ¡solo la mitad! y la mitad de Bélgica es como ¡Cáceres! En fin… 

A pesar de estar DESEANDO mudarme YA MISMO a tierras más cálidas donde pueda hablar su idioma y entender lo que la gente me dice… sé que echaré de menos esta ciudad, y los amigos que dejo atrás. 

Pero la vida sigue, ¡y nosotros nos movemos con ella! Disfrutaré de estos tres últimos meses en este país húmedo y frío pero igualmente precioso, y luego… a seguir disfrutando.