Nuevo comienzo…

ESTADO CIVIL RECIÉN ESTRENADO

FOTO2BODA

¡¡ME HE CASADO!!

Hace 5 días sobre estas horas (16:00) me encontraba yo hecha un manojo de nervios, sentada con las piernas cruzadas en el sillón de la suite donde nos alojábamos ese fin de semana, y dejándome hacer por mi peluquera, mientras a nuestro alrededor revoloteaban dos fotógrafos, de acá para allá, sin parar de hacer fotos a todo aquello que tuviera algo que ver conmigo: vestido, zapatos, tocado, ramo, madre, padrino…

Sueñas tantas veces con ese día de tu vida… te visualizas siempre con el mismo vestido, los mismos invitados, te aprendes de memoria los gestos que vas a mostrar, los movimientos que vas a dar, las palabras que vas a decir… y luego llega el día, y supera todas tus expectativas. Olvidas los gestos, las palabras… y te dejas llevar por esa vorágine de besos, felicitaciones, colores, lágrimas, emociones… cuando de repente te das cuenta de que ya ha pasado, de que te casaste hace 5 días y vuelves a estar en Padua, retomando a duras penas tu rutina y descendiendo a trompicones hacia la realidad.

Para mí fue el día más feliz de mi vida. Aparecen nítidas ciertas escenas en mi memoria, como talladas en mármol, que no cejan en su empeño de eclipsar al resto de recuerdos: la visión de mi futuro esposo al fondo del largo pasillo hacia el altar…, los rostros de mis padres y mi hermano emocionados, a mi lado…, el sonido melódico de una preciosa viola tocada por mi mejor amiga, aún más preciosa…, todo un salón blanco de techos de cristal, rebosante de voces alegres y risas… . Entenderíais ahora si os dijera que me niego a retomar mi rutina tan fácilmente. Os diría: “dejadme soñar un poquito más, mañana volveré al trabajo”.

El problema es que mañana os volvería a pedir lo mismo… 

Os dejo la canción que bailamos mi ahora MARIDO y yo, para abrir el baile. Scorpions siempre en mi corazón.

Despedidas

DESPEDIDAS…

 

Cuando llegué a este país, hace dos años ya, jamás se me pasó por la cabeza que, en el momento de decirle “adiós” sintiera toda esta vorágine de emociones. Parecía que iba a resultar fácil, si tuviera sólo en cuenta el mal tiempo que hace durante casi todo el año, el idioma tan endemoniadamente complejo, la cultura tan opuesta a la nuestra y el hecho de que en toda Bélgica no haya una sola montaña como Dios manda. Pero, a dos semanas de irnos de Leuven para siempre y decir adiós a esta vida, siento que se quedará aquí un buen “cacho” de mi, irremediablemente. Esta ciudad ha tenido mucho que ver con este sentimiento de pérdida y futura nostalgia, porque no ha habido más que buenos momentos en ella, he conocido gente maravillosa, muy variopinta, cada uno de un país diferente, y he aprendido mucho de todos ellos. Leuven nunca ha dejado de sorprenderme, a pesar de ser una ciudad chiquitita. Y una de las cosas que más voy a echar de menos de Bélgica son sus praderas de un verde rabioso, con algunas ovejas o vacas marrones pasteando y las casitas tan cuidadas con sus jardines, al fondo.

Eh! que no es que me queje precisamente del nuevo destino… porque Italia lleva dentro de mi corazón desde que estudié el Renacimiento, en el Instituto. Saber que voy a vivir a 30 minutos en tren de Venecia me deja, simplemente, “atontá perdía”. Creo que todavía no lo he asimilado. Ha sido mi sueño desde hace tantísimos años…

Pero costará dejar atrás a la gente con la que has creado unos lazos tan bonitos, en tan poco tiempo. Del mismo modo que se quedará un pedazo de mi aquí, yo también me llevaré un pedazo de Leuven conmigo, a Padua.

Primera incursión a Padua

PRIMERA INCURSIÓN A PADUA

 

Pues…. sí. Mañana a mediodía cogeremos un vuelo para unos pocos días a nuestro futuro hogar por los próximos dos años.

Italia… .

¿Qué puedo decir? Desde que estudié por primera vez el Renacimiento italiano, no he dejado de tener este absurdo (ya no tan absurdo…) deseo de llegar a vivir en Italia en algún momento de mi vida. Brunelleschi, Donatello, Giotto, Buonarrotti, Bernini, Masaccio, Ucello, Botticelli… todos dejaron mella en mi memoria, y jamás olvidaré la primera vez que pisé Florencia. O la primera vez que vi El David de Miguel Angel o Santa María de las Flores y la hermosísima cúpula de Brunelleschi. En fin… paro porque sino aburro hasta a las ovejas.

Así que lograré cumplir ese sueño… Es curioso cómo a veces sin planearlo ni proponértelo, hay sueños que igualmente se cumplen. Por arte de magia. Por arte de Andrés…

Estos pensamientos, sin embargo, dan lugar a otras cuestiones que no había llegado a plantearme seriamente, hasta ahora…

Tocará despedirse de nuestra vida en Leuven, digo yo.

Y me da bastante pena, aquí he conocido gente maravillosa, a la que obviamente seguiré viendo y escribiendo. Aunque más espaciado en el tiempo. Amigos belgas he hecho más bien pocos. Sólo una, y no se puede decir que sea una belga convencional. Tal vez por eso nos hemos hecho tan buenas amigas (ojo con leer entre líneas). Los demás son todos de su padre y de su madre: ucranianos, alemanes, italianos, franceses, chinos, polacos, colombianos… . Y a todos ellos me los llevo en el corazón (os jodéis que hoy estoy sensible!) Echaré mucho de menos la ciudad de Lovaina. Sin lugar a dudas, la mejor de toda Bélgica, al menos de la parte flamenca. Gracias a Dios que en Padua también se lleva lo de ir en bici a todas partes porque sin duda no sabría cómo manejarme sin mi “negra”.

Las únicas cosas que NO voy a echar de menos son:

  1. el tiempo de mierda…
  2. la ausencia de todo tipo de montaña, cerro o incluso peñasco, que tampoco pido tanto! (Bélgica es más llana que Albacete)
  3. … y el maldito idioma. La de dolores de cabeza que nos ha creado este idioma del demonio que ni siquiera lo hablan en todo el país, ¡solo la mitad! y la mitad de Bélgica es como ¡Cáceres! En fin… 

A pesar de estar DESEANDO mudarme YA MISMO a tierras más cálidas donde pueda hablar su idioma y entender lo que la gente me dice… sé que echaré de menos esta ciudad, y los amigos que dejo atrás. 

Pero la vida sigue, ¡y nosotros nos movemos con ella! Disfrutaré de estos tres últimos meses en este país húmedo y frío pero igualmente precioso, y luego… a seguir disfrutando.